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viernes, 8 de junio de 2018










¡Madre ¡
que, en los cielos estas,
perdónales porque no saben lo que hacen,
 cuida sus agónicos días
 de sufrimientos y desgracias.
¡Pobres andan sumergidos en la macula noche de sus pesadillas;
 recordando los perdidos días al no decirte
 ¡te quiero madre mía!;
hoy desolados caminan al no tenerte a su lado,
agónicos al tiempo perdido,
por sus mejillas ruedan las lagrimas
que, tragadas por la seca tierra,
los recuerdan de donde vienen.
lloraran sobre el huérfano árido del recuerdo,
agonizando cada día.
 ¡Madre!
¡Perdónales porque no saben lo que hacen!
fue el grito del santo
Privilegiado el que tiene una madre
que acaricia el rostro y susurra el nombre,
 ¡Abrázala!
Que mañana serán tus recuerdos y la sonrisa brotara en tus labios
de lo mucho que la amaste.

lunes, 12 de marzo de 2012

SENTIMIENTOS

Quiero compartir este sentimiento contigo
Amor de ayer, deseo abrirte el corazón y enseñarte a leer las escrituras de las emociones; para que en ella veas que escrito esta tu nombre en las múltiples oraciones; al leerlas descubrirías que en mis noches sueño contigo; al despertar eres mi primera idea. Que más puedo decir, me llenas, completas el aire necesario a mi respirar. Sin ti nada existe y porque vivo en ti.
No se de donde saliste y a donde llegaras; empero eres la mujer que a mi vida llenaras con las ilusiones de los días, con el amor lejano, escondido tras las lineas de la vida; me amaras, no me amaras que importa, al final es la emoción de sentir a la felicidad acariciar nuestro ser.
Un segundo de felicidad pura es para sentir una vida entera.



Los lamentos se los lleva el viento pasajero,
la tierra se traga las lagrimas,
la naturaleza corre;
empero, no puedo olvidar.
Sentada, con los codos hincados
sobre la áspera meza; rudimentaria,
ella, recostaba una de sus mejillas
sobre la palma de su mano; Pensaba.
El mendrugo pan; necesitado, yacía
en la pequeña canastilla de esteras.
Su mirada fija en la descascarada pared de adobe
dibujaba ilusiones deseadas.
¿En quien pensaba?
Inedito, en sus hijos que a pie descalzo
por faltas no cometidas arrancaban el dolor a su alma.
¿EL padre? Una noche, luego solo el adiós irresponsable.
Parado en el umbral allí la miraba, al pestañeo
la realidad llamaba.
Mi madre no estaba; recordé , descansaba.



Las mañanas llegan,
las tardes se van,
a la aurora te digo adiós;
mientras, mi mente vaga,
en recuerdos tristes,
imaginados; que al segundo,
llegaran como las golondrinas
en su agitado volar.
Las palmaditas, los aplausos, el abrazo efusivo,
la sonrisa blanca, la hipocresía junta, solo son marcas dejadas
en el plano de la vida.
Por ello, a las canas blancas pintadas de esperanzas
las dejo descansar en la alcoba de la ilusión; que no hace daño.